“Envejecí a la francesa: sin alarde, sin ruptura, apenas dejando que el tiempo se asentara.
El cuerpo se aprovechó de mi distracción.
No sé cuándo decidió envejecer, porque lo hizo de forma silenciosa, casi elegante.
Un día yo era movimiento, urgencia, promesa. Al otro, continuidad.
No hubo un aviso claro ni un momento exacto.
.png)
%20(2).png)






