Por. Tranquilino Lagos
La Paz, Estado de México, vivió durante más de veinte años bajo gobiernos priistas del viejo régimen, caracterizados por el saqueo y el desmantelamiento del patrimonio municipal.
Nuestro municipio creció de manera desordenada, sin planeación ni límites. En zonas altas como San Isidro, Lomas de San Sebastián, Altavista y San José Las Palmas, el control territorial fue ejercido mediante fraccionadores clandestinos y grupos de choque ligados a intereses políticos y, en algunos casos, a personajes vinculados con actividades delictivas.
Con impunidad y protección, operaron redes coludidas con autoridades, notarios y estructuras que permitieron el despojo, el miedo y la intimidación como formas de control político. Quien no se alineaba era víctima de agresiones, amenazas y, en muchos casos, de violencia extrema.
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